No hubo suerte. El resultado del embarazo de
mi subrogada es más que evidente: NEGATIVO.
Supongo que aunque te hacen participe de las estadísticas,
siempre hay algo en toda esa ilusión tan grande con la que inicias este proceso
que te hace creer que serás de los elegidos en que la balanza se inclinara hacia tu lado y obtendrás
un resultado positivo a la primera de cambio.
La realidad, sin embargo, se encargo de
abofetearme y ponerme en el lugar que me correspondía... a ras del suelo.
Supongo que el bajón psicológico tan grande
que ahora siento lo podía haber mermado si hubiera tenido una perspectiva más
objetiva de donde me había metido, y palabras como “paciencia” o “tranquilidad tendré
que llevarlas más a la práctica si quiero evitar en un futuro que las hostias
contra el suelo me acaben pasando factura.

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